La familia no es un negocio, el negocio es de la familia (25 puntos críticos)

“Haz como te digo, hijo mío, porque tengo muchos años en el negocio y yo sé cómo se hace. Además, es el consejo de un padre que quiere lo mejor para su hijo, es decir, para ti…” me dijo ayer mi “jefe” sonriendo…, ese jefe es mi padre.

Está claro que la Ford lo ha conseguido. Henry Ford tenía una relación bastante peculiar con su hijo, Edsel Ford. La tensión que a Edsel Ford le generaba esta relación en el trabajo, le llevó a una grave úlcera de estómago, y finalmente a una muerte prematura.

Cuando en una misma empresa trabajan padres e hijos, las relaciones profesionales se mezclan con las familiares y a la vez que tienes un jefe tienes un padre o una madre. Acabas hablando de la empresa familiar en los bautizos, en las bodas y en los acontecimientos sociales. ¿Dónde está la frontera de lo familiar y lo profesional?

Si hablamos tanto de la importancia de pasar del tipo de empresa de mando y control (Cultura de Miedo) a la de confianza y responsabilidad (Cultura de Confianza), precisamente en los negocios familiares debe estar más claro este cambio. El peligro es que los padres quieran controlarlo todo y vean al hijo de 40 años con un MBA como el niño que siempre ha sido para ellos.

Las emociones se enfrentan a las razones de empresa y… ¿cuál ha de prevalecer?

 ¿Cómo manejar estas emociones en la empresa familiar? ¿Cómo deben ser las relaciones padres – hijos en la misma? ¿Qué evitar? ¿Qué hacer?”

25 puntos críticos para tener en cuenta en las decisiones con respecto a los hijos y los padres.

1.    La familia da segundas oportunidades, pero ¿y la empresa?

La familia es lo que hacemos de ella. No hay normas fijas, excepto las que impongamos y aceptemos nosotros para su construcción.

Lo bueno de toda familia es que es un lugar en donde soy amado por ser quien soy, no por lo que aporto o hago, por eso siempre hay segundas oportunidades.

Creo en las segundas oportunidades en la familia. Nos hacen sentirnos amados y emocionalmente estables.

La pregunta es si es posible una segunda oportunidad en una empresa para un trabajador negligente e irresponsable… ¿y si es mi hijo o hija, padre o madre? ¿Es mejor que busque otro sitio en el que desarrollar sus habilidades profesionales?

2.    Creer en uno mismo y tener seguridad personal.

Verse bien a uno mismo y a su familia es lo que más ayuda en las relaciones y en la comunicación entre todos. La familia no es un examen, no hay resultados que alcanzar. Sin embargo… en la empresa sí.

¿Fracasa como hijo o hija quien no alcanza los resultados como empleado? Nunca.

Los hijos que los padres hacen dependientes encuentran fácilmente un puesto en el negocio. Pero la persona que sea más dependiente, necesita de cierta independencia.

Es necesario que encuentres la manera de vivir que satisfaga tus deseos, sintiéndote escuchado y valorado, aunque eso signifique que te busques la vida fuera del negocio. No es imprescindible que todos estemos en la misma empresa familiar.

3.    Continúe con tus metas personales.

Todos tenemos sueños, muchos sueños, diversos, grandes, personales, ¿los has dejado aparte o los has desechado para dedicarte a la empresa familiar?

Si es así, quizá veas al negocio familiar como una barrera hacia tu triunfo personal, tu enemigo. ¡No escondas tus objetivos para sacarlos años después y mirarlos con añoranza! Ya han quedado anticuados y te harán desilusionarte, incluso renegar de tu suerte.

Las metas deben adaptarse a la vida que vas teniendo y a tus prioridades, sin ser abandonadas nunca, sin embargo acepta que cambian con las nuevas oportunidades de la vida. Si tu meta personal no pasa por el negocio familiar, no lo dudes, no es tu sitio.

4.    La historia familiar.

Estar orgulloso de la vida familiar es bueno, incluso contarla y buscar los ancestros y antepasados. Es nuestro camino hacia el éxito y no podemos renegar de esta historia. Compartir esa historia es estrechar y fortalecer los lazos y las relaciones entre todos.

La empresa familiar tiene unos fundadores, unos objetivos, una misión y una historia interesante para tener en cuenta siempre. No te escondas de la familia.

5.    Los padres son fundamentos, no muros.

Los hijos e hijas, automáticamente, se comparan con los padres. Al principio, de niños, los progenitores son héroes para ellos, hasta que descubren sus debilidades, siempre hay una comparación. Es frustrante ver que no se llega a los estándares marcados por los hijos, o superarlos. Los padres, son eso, padres, quienes han dado la vida a los hijos y son amados por sí mismos, no por lo que hacen o aportan. Son el fundamento de nuestra vida, pero no muros, paredes, barreras para el éxito de sus hijos.

Un padre o una madre no pueden empeñarse en hacer de un hijo o hija lo que no es.

Como padre evita marcar un estándar al hijo o hija. Como hijo o hija no aceptes comparaciones.

6.    Deber y querer son lo mismo.

Deber y querer son dos cosas bien distintas. Muchas veces triunfa el querer sobre el deber. En la familia ocurre que si triunfa lo que quiero hacer, destruyo la familia. Mejor es intentar unificar el querer con el deber, este equilibrio difícil aumentará nuestra satisfacción familiar.

Sin embargo de cara a fuera, no es bueno confundir este querer con el deber. No debo a toda costa formar parte del negocio familiar, si no es lo que quiero. Que se me imponga el argumento de que trabajar en la empresa es lo que debo hacer y debo querer hacer, es, cuanto menos, un argumento con cierto chantaje emocional.

7.    Perdonar no es disculpar.

Equivocarse es humano, el perdón sincero surge del amor.

Una disculpa es muy pobre para una relación de familia. La disculpa hace que los errores parezcan más graves de lo que son, y al final es sólo eso, un error. Entre miembros de la misma sangre, perdonemos, no nos disculpemos pobremente.

8.    La fatiga y los celos son enemigos de las relaciones.

Cuando uno se siente fatigado, las relaciones siempre se deterioran. Tú no compitas con nadie de la familia.

Trátate bien a ti mismo, esto enlaza con el principio segundo de verse adecuadamente.

Estar molesto es contagioso, el comportamiento se contagia, este principio fundamental humano se cumple. Aunque uno no es responsable del estado de ánimo, las personas que nos rodean se sienten vulnerables y preocupadas ante este problema que me preocupa. Estar molesto no significa que la familia se derrumba o que me voy a ir del negocio familiar.

Tampoco los celos sirven ¿por qué se quiere más a ella o a él que a mí?, ¿por qué no nos llevamos tan bien como la familia vecina? Somos seres humanos con sentimientos de competitividad, cuestionamos continuamente nuestra situación con respecto a los demás. Mira estos sentimientos como lo que son, faltas de seguridad, y luego vuelva a la realidad.

9.    Fomentar la constancia.

La familia fomenta el esfuerzo, sin mirar al resultado, lo que cuenta es que se muestre interés. Hay que ser constante en nuestro amor y en nuestros esfuerzos para que todos estemos bien, aunque luego el resultado sea pobre. Esto es educar en valores: el valor de la constancia, del esfuerzo, la virtud de la fortaleza, etc. Sin embargo en la empresa lo que cuenta es el resultado, si se alcanzan los objetivos, se está bien, si no, no. ¿Qué prima en la empresa familiar?

10. Ser justo.

En una empresa siempre se dice que un jefe debe tener la razón y la fuerza. Las dos deben estar en su poder, si pierde una, sólo con la otra no vale. Una fuerza irracional es absurda, tanto como una razón impotente.

Pero ¿qué pasa en la familia cuando sólo se busca tener razón? En la familia hay diferencias entre todos, ¿qué es lo prioritario? ¿Tener las respuestas correctas para todo?

Ser justo implica escuchar a todos desde la perspectiva de cada uno.

11. Los retos.

Toda familia tiene retos que afrontar, más aún cuando además tienen el mismo negocio del que todos viven. Los retos son distintos a otras empresas o familias. Pero son sólo eso, desafíos que nos llaman a que los afrontemos según lo que somos.

12. Competencia entre generaciones.

Nuestros mayores hacían las cosas distintas a nosotros, y a veces escuchamos que incluso mejor. Pero ni tú ni yo competimos con nuestros abuelos ni con nuestros padres para ver quién es mejor en el negocio familiar.

Sé que es automático, es humano competir. Hay que observar el pasado con objetividad y aprender de él sin juzgarlo ni juzgarnos. No ser románticos “cualquier tiempo pasado fue mejor”, ni pesimistas. No compitamos con el pasado, no puede ganarse.

La competencia produce pérdidas, el amor se reemplaza por un sistema de evaluación basado en el rendimiento y en quién gana o aporta más. Sólo producimos rivalidades y desconfianza. ¡Rompe esa dinámica!

Las generaciones que vienen hacen más jóvenes a los padres y abuelos. Para tiempos nuevos, soluciones nuevas con sangre nueva.

13. Las expectativas.

Todos tenemos en nuestra mente la imagen del hijo y de la hija, del padre o de la madre perfectos, ideales. Cómo sería su personalidad, sus intereses, sus metas y logros los tenemos claros. Pero no se ajusta la realidad a estos sueños, y además imponerlos es el error más grande que podemos hacer como personas. Hemos de apoyar a nuestros familiares tal y como son, como individuos distintos a nosotros, gracias a Dios, y que deben seguir la imagen que ellos tienen de sí mismos.

No somos perfectos, pero eso no significa que deba bajar mis expectativas, deben mantenerse altas para que todos crezcamos.

Tener expectativas grandes en un hijo o una hija, sólo porque trabaja para ti, es una presión tan grande que puede explotar por algún lado. No es más que otro profesional que deberá cumplir con su trabajo satisfactoriamente.

14. La comunicación.

Abrirnos a los problemas y a las conversaciones difíciles hará que la familia estreche lazos. Hay que conversar desde los sentimientos, esto no es normal en las empresas, pero sí en las familias. Siempre desde el respeto.

15. Cada persona es distinta. Las relaciones personales. Respeto.

Cada persona participa en la relación empresarial a su manera. Cada uno habla distinto y sus conversaciones son distintas. Hablar en libertad es la base de la comunicación. Sin embargo, pensar igual es no pensar mucho y si siete piensan lo mismo seis sobran en el negocio. Las diferencias son la oportunidad de mejorar todo y de enriquecernos todos. Si alguien aborda un problema o asunto distinto a ti, no pienses que su compromiso es menor o no se entera, quizá se haya dado cuenta de datos que tú pasaste por alto o simplemente lo ve de otra manera.

Cuando en una familia los integrantes se tratan con cariño, comprensión, dedicación, se escuchan y hay respeto, se está enseñando a tratar a las personas de fuera del negocio familiar también. Es una escuela de relaciones humanas. Llega un momento que se trata igual a los integrantes de la familia que a los demás trabajadores del negocio.

Por eso la puntualidad y el vestir adecuadamente, incluso entre familiares, no sólo en la empresa, es signo de respeto hacia todos. Cuando uno comparte buenos sentimientos y da apoyo, eso redunda en bondad hacia él mismo. Lo mismo la familia, cuando la familia hace algo bueno, lo bueno vuelve a ella. La satisfacción en el trabajo es por el trabajo en sí, no por las relaciones familiares ni por la necesidad de la familia. Tenlo en cuenta cuando decidas sobre tu carrera.

16. No se trata de popularidad. No ponga un orden familiar de nacimiento o predilección en la empresa.

¿Está el primogénito predestinado? ¿Tiene que ser necesariamente el varón el que de continuidad a la empresa? En las cosas importantes de la vida no hay preferencias. La familia no es una democracia en donde cuente el voto, no hay concursos de popularidad tampoco. Quizá ciertas decisiones no son populares, pero hay que tomarlas. Hay que seguir lo mejor para la familia y el negocio familiar.

17. Las tradiciones.

Las pequeñas tradiciones que tenían ya nuestros abuelos es significativo seguirlas, unen a la familia en torno a un núcleo y a una identidad propia, ayuda a que los pequeños aprendan quiénes son y cuáles son las relaciones entre todos. Crear tradiciones ohábitos, pequeñas costumbres, incluso en el negocio es bueno, siempre que no se transmitan de forma rígida, y que no estén en contra de los valores y necesidades personales, unirá mucho más a todos.

18. El dinero.

No importa quién gane más dinero o quién sea el mejor vendedor. Hemos dicho que no hay competencia ni resultados dentro de la familia.

La familia no es un negocio, el negocio es de la familia, nunca al revés.

Un miembro de la familia puede ser jerárquicamente superior a otro, o ganar más dinero dentro de la Empresa, pero no por ello es más importante dentro de la familia. Todo lo que beneficie a la familia es bueno, lo demás no.

 Eso sí, las cuentas en la familia, igual que entre los amigos, tienen que estar muy claras.

19. Definición de empresa.

Los padres muchas veces esperan que los hijos reproduzcan exactamente la familia que ellos hicieron, pero los tiempos cambian. Lo mismo que las empresas y los negocios, seguir un negocio tal y como lo fundó el padre es quedarse obsoleto. Las empresas cambian con los tiempos. No es un insulto a la competencia del fundador o fundadora el cambiar el estilo, la estrategia o la línea de negocio.

20. La rigidez.

Hay que dar cabida a las ideas, creencias, intereses y personalidades distintas. La rigidez aísla. Imponer criterios es un insulto y un ataque a la individualidad. Hay que tener ideas propias y ser creativo, mantener la propia perspectiva y escuchar para integrar. Sólo así se construye el futuro empresarial.

21. No hay porqué estar juntos hasta el final.

No tiene sentido continuar en un negocio para el que no se ha nacido y para el que no se tiene pasión. Es mejor salir cuanto antes, si no es así será causa de dolor y frustración entre todos los integrantes de la familia y los ajenos a ella que colaboren con el proyecto de empresa. Las personas se recuperarán antes del fracaso de la no continuación en el negocio familiar, que de una relación en continuo deterioro que no tiene final.

Estar bastante tiempo con la familia está bien, estar siempre juntos puede reducir la satisfacción de disfrutar los tiempos que están juntos. La vida familiar que excluye lo demás, agobia. Y tener el negocio en el que están todos metidos, es un peligro potencial.

22. La protección de los hijos.

 Proteger a los hijos es loable. Sobreproteger de todo lo desagradable que pueda ocurrir los deja mal preparados para afrontar la realidad de la vida. Lo negativo abruma al hijo sobreprotegido. Da pie a que todos tomen sus propias decisiones y a que se puedan equivocar. La familia da segundas oportunidades, como dice el primer punto, pero a veces la oportunidad buena es dejar que los hijos desarrollen su propia vida por otros derroteros.

23. La experiencia no se impone.

 Los padres, obviamente, tienen una experiencia no comparable a la de los hijos, experiencia a veces de veinte o más años de vida. Es muy útil ciertamente el poder recurrir a esa experiencia para salir de apuros concretos. Pero para los padres muchas veces los mayores expertos son ellos en todo lo que se refiere a su familia y negocio. Otras opiniones son importantes, y más si proceden de los hijos.

En el caso de que realmente el que tiene más experiencia tenga razón, es importante que sepas que nadie escarmienta en cabeza ajena y los hijos tienen que aprender por ellos mismos cosas que los padres ya saben por propia experiencia, e incluso puede que sus conclusiones sean diferentes. Tenlo en cuenta también.

24. Las emociones.

Cuando tenemos una discusión fuerte con un ser querido, los detalles dolorosos los recordamos con intensidad, aunque haya olvidado las razones de cada posición. Las emociones negativas duran más tiempo que el tema de discusión.

Familia y negocio funcionan de formas distintas, es por eso que tantos negocios familiares al final no siguen adelante, porque los hijos lo hacen fracasar o porque los hijos deciden por otros trabajos. El fracaso del negocio familiar, no es el fracaso de la familia.

Cuida las emociones en la familia y entre los miembros de tu familia en el negocio, afectará directamente al rendimiento.

25. Finalmente la elección es personal.

Habrá momentos en que sientas el negocio familiar como una carga. Saber esto puede hacer que te sientas culpable y que es una obligación seguir con ello. Todo lo que hace por la familia es elección tuya. Puede que no sea agradable tomar ciertas decisiones, pero al final por el bien de todos puede que no venga mal tomar cierta distancia para quizá en un futuro volver, con mayor experiencia. A veces es muy bueno trabajar fuera.

Es tu decisión. Te cuenta todo esto un hijo que tomó la suya.